Por Gladys López
Plumazo Digital
Villahermosa, Tabasco.-En una tarde hermosa, de esas que parecen transcurrir con serenidad, viví uno de esos instantes en los que el tiempo se detiene y el cuerpo actúa por instinto. Resbalé, y en la caída —esa fracción de segundo en la que la mente busca salvarse— hice todo por evitar golpearme la cabeza.
Caí de costado, extendiendo la mano como apoyo. Sentí que todo el peso de mi cuerpo era sostenido por mi brazo . En ese momento solo pude decir, casi en susurro y con el corazón en la boca:
“Gracias, Padre mío… que no pasó a más.”
De inmediato fui trasladada al IMSS. Desde la urgencia inicial recibí la atención del doctor Elías Hernández Cornelio, quien con prontitud valoró la lesión y colocó una férula para inmovilizar el brazo.
Posteriormente llegué al área de Urgencias del IMSS Hospital de Especialidades 46, donde me encontré con dos grandes personas de la medicina: la doctora Mónica Sofía Sosa Ek y el doctor Jair Alejandro Valenzuela Torrano, ambos del área de traumatología, quienes me atendieron con profesionalismo y calidez humana.
Después de tres días , pasé a la etapa de yeso, con el doctor Amauri Pulido continuó el proceso con el mismo compromiso y sensibilidad.
A cada uno de ellos —y a todo el personal que quizá en la premura no alcancé a nombrar— les expreso mi más profundo reconocimiento. Su vocación, humanidad y entrega confirman que la medicina también es un acto de amor al prójimo.
En estos días de ausencia en redes sociales, he vivido una meditación profunda sobre el compromiso con el que cada persona realiza su trabajo: con lealtad, responsabilidad, honestidad. He confirmado que, a veces, la ayuda llega de quien menos se espera; y que quien da sin esperar, siempre recibe de la vida, porque el Creador sabe a quién enviar en nuestro auxilio.
Agradezco también las atenciones, mensajes y preocupaciones de mis queridos amigos y amigas: el Dr. Elías Madera, LS Nieves Martz Reyes, Mirna EM el Mtro. Manrique, el Dr. Roberto Heisenberg, el Lic. Ricardo Cerón Oliva y el Doctor Hugo Martín, cuya cercanía me ha dado fortaleza en este proceso. Agradezco a la familia, a mi yerno y a mi hija así como muchos más mensajes y llamadas.
Hoy, más que nunca, doy gracias por la vida, por la protección recibida y por cada mano que sostuvo la mía en este momento. Con gratitud infinita, Gracias.




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