Por: Lic. Manuel Maglioni Montalvo
Abogado Postulante del Estado de Tabasco
La violencia familiar es una de las problemáticas sociales que más afecta a las familias mexicanas. Sin embargo, en muchas ocasiones permanece oculta debido al miedo, la dependencia económica, la vergüenza o la creencia errónea de que se trata de asuntos privados que deben resolverse dentro del hogar.
Es importante comprender que la violencia familiar no se limita a las agresiones físicas. También puede manifestarse mediante insultos, amenazas, humillaciones, control excesivo, aislamiento, violencia económica o cualquier conducta que afecte la integridad física, emocional o patrimonial de una persona.
Ninguna forma de violencia debe considerarse normal. Frases como “siempre ha sido así”, “lo hace por enojo” o “es un problema de pareja” solo contribuyen a perpetuar situaciones que pueden agravarse con el tiempo y generar consecuencias irreparables para las víctimas y sus familias.
Actualmente, las leyes mexicanas contemplan mecanismos de protección para quienes sufren violencia familiar, incluyendo medidas de protección urgentes, denuncias ante el Ministerio Público y procedimientos judiciales destinados a salvaguardar la integridad de las víctimas.
Denunciar no significa destruir una familia; significa buscar protección, seguridad y respeto a la dignidad humana. La prevención, la información y el acceso a la justicia son herramientas fundamentales para combatir este fenómeno.
Como sociedad, tenemos la responsabilidad de fomentar una cultura de respeto y de rechazar cualquier manifestación de violencia dentro del entorno familiar. El silencio protege al agresor; la denuncia y el acompañamiento oportuno pueden salvar vidas.



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