*Los mecheros arden, el olor llega a nuestras casas y la población merece algo más que explicaciones
Por Lic. Manuel Maglioni Montalvo
Abogado postulante
Tabasco le ha dado petróleo y gas a México durante décadas.
Ha puesto territorio, comunidades, carreteras, trabajadores y recursos naturales al servicio de una industria considerada estratégica para el país.
Pero hoy existe una pregunta que Pemex y las autoridades ya no deberían responder únicamente con comunicados:
¿Qué estamos respirando los tabasqueños?
Porque una cosa es observar a lo lejos la llama de un mechero petrolero y otra muy diferente es cerrar puertas y ventanas porque un fuerte olor a hidrocarburo invade comunidades, fraccionamientos y colonias.
Lo ocurrido recientemente no puede tratarse como una simple percepción aislada.
Durante septiembre de 2026 se registraron reportes de fuertes olores en amplias zonas de Centro y Jalapa. Entre los lugares mencionados públicamente aparecen Las Mercedes, Villa Parrilla, La Lima, Las Margaritas y Playas del Rosario, además de sectores de Villahermosa como Tabasco 2000, Gaviotas, La Manga y Primero de Mayo.
Y existe un dato todavía más importante.
El presidente municipal de Jalapa, José Manuel Hernández Pérez, declaró públicamente que la inconformidad registrada estaba relacionada con un incremento en la actividad de mecheros ubicados en Pueblo Nuevo, sector Las Raíces, y señaló afectaciones hacia otras localidades de la zona.
Por su parte, Protección Civil informó que no había localizado ruptura o fuga en ductos o instalaciones de Pemex y explicó que el olor podía relacionarse con trabajos preventivos de mantenimiento, mediante las denominadas “corridas de diablo”, durante los cuales se libera gas hacia quemadores. La autoridad sostuvo que las mediciones se encontraban por debajo de límites permisibles.
Entonces surge una pregunta legítima:
SI NO HAY RIESGO, ¿POR QUÉ LA GENTE TIENE QUE ENCERRARSE EN SUS CASAS?
Ésa es la pregunta que las autoridades deben responder.
No con discursos.
Con mediciones.
No diciendo simplemente que todo está bajo control.
Publicando los resultados.
No esperando a que nuevamente aparezca el olor.
Previniendo que vuelva a suceder.
Porque cuando un olor relacionado con actividades petroleras puede percibirse a kilómetros de distancia, atraviesa comunidades y llega hasta zonas densamente pobladas, ya no estamos hablando únicamente de un asunto interno de operación de Pemex.
Estamos hablando de una preocupación de salud pública y medio ambiente.
Y cuando los ciudadanos no saben exactamente qué están respirando, existe además un problema de información y transparencia.
PLAYAS DEL ROSARIO: CUANDO LA MOLESTIA LLEGÓ A LA CARRETERA
El problema alcanzó tal grado de inconformidad que habitantes bloquearon la carretera federal Villahermosa–Teapa a la altura de Playas del Rosario, exigiendo, entre otras cosas, una solución al problema del olor relacionado por los manifestantes con los mecheros de Pemex.
Los bloqueos afectan a terceros y no deberían convertirse en la vía ordinaria para obtener respuesta de una autoridad.
Pero precisamente por eso debemos preguntarnos:
¿Por qué una comunidad tiene que llegar a cerrar una carretera para conseguir que la escuchen?
Antes del bloqueo debió existir información.
Antes de la protesta debió existir diálogo.
Y antes del miedo debió existir prevención.
NO ESTAMOS EN CONTRA DE PEMEX
Esto debe quedar perfectamente claro.
No se trata de estar contra Pemex.
Pemex pertenece a México y su actividad constituye una parte importante de la historia económica de Tabasco.
Pero precisamente porque se trata de una empresa de enorme importancia nacional, debe estar sujeta a estándares igualmente enormes de responsabilidad ambiental y social.
No podemos aceptar una falsa disyuntiva:
petróleo o salud.
Tabasco merece ambos.
Desarrollo energético y protección ambiental.
Empleo y aire limpio.
Producción petrolera y comunidades seguras.
Una industria estratégica no obtiene por esa condición autorización para causar molestias permanentes a quienes viven alrededor de sus instalaciones.
EL GOBIERNO TAMPOCO PUEDE SER ESPECTADOR
El artículo 4º de la Constitución reconoce el derecho de toda persona a la protección de la salud y a un medio ambiente sano.
Por tanto, proteger a la población no constituye un favor político.
Es una obligación del Estado.
El gobierno estatal, las autoridades municipales, Protección Civil, las autoridades ambientales, la Secretaría de Salud, Pemex y la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente deben actuar coordinadamente.
No después del siguiente episodio.
Ahora.
¿QUÉ DEBERÍAN HACER?
Propongo algo muy concreto.
Primero: monitoreo permanente del aire.
Instalar estaciones de medición en Pueblo Nuevo, Playas del Rosario, Parrilla, Las Mercedes y demás comunidades estratégicamente ubicadas alrededor de las instalaciones petroleras.
Y que esos resultados puedan consultarse públicamente.
Segundo: identificar exactamente qué respiramos.
No basta decir “olor a hidrocarburo”.
La población tiene derecho a saber qué compuestos fueron detectados, sus concentraciones, durante cuánto tiempo permanecieron en el ambiente y cuáles son los parámetros legales aplicables.
Tercero: monitoreo independiente.
Las mediciones no deberían depender exclusivamente de la propia empresa cuya actividad se encuentra bajo cuestionamiento.
Universidades, especialistas y laboratorios acreditados podrían participar en verificaciones independientes.
Cuarto: vigilancia médica y epidemiológica.
Debe establecerse un registro específico de consultas relacionadas temporalmente con estos episodios: irritación de ojos, garganta, náuseas, cefalea, mareos, dificultades respiratorias u otras manifestaciones que determinen los médicos.
No para afirmar anticipadamente que Pemex las provocó.
Precisamente para investigar científicamente si existe o no una relación.
Quinto: aviso previo a las comunidades.
Si Pemex realizará mantenimiento, desfogues, limpieza de ductos o cualquier operación susceptible de aumentar la actividad de los quemadores o generar olores perceptibles fuera de sus instalaciones, la población debe ser informada.
No después.
Antes.
Sexto: acelerar la eliminación o reducción de los mecheros técnicamente sustituibles.
El gas que pueda recuperarse y aprovecharse no debería terminar convertido innecesariamente en una enorme llamarada sobre las comunidades.
¿CUÁNTO PETRÓLEO DEBE PRODUCIR TABASCO PARA MERECER AIRE LIMPIO?
Ésta puede resultar una pregunta incómoda.
Pero alguien tiene que hacerla.
Tabasco ha contribuido durante décadas a la riqueza energética de México.
Aquí se perfora.
Aquí se extrae.
Aquí se procesa.
Aquí se transporta.
Aquí están los ductos.
Aquí están las instalaciones.
Y aquí también vivimos nosotros.
No somos habitantes temporales alrededor de una instalación petrolera.
Pemex desarrolla sus actividades alrededor de comunidades que ya tienen familias, niños, escuelas, comercios y trabajadores.
Por eso la prioridad no puede limitarse a mantener la producción.
También tiene que ser proteger a quienes viven junto a ella.
QUE PEMEX ABRA SUS DATOS
Si las emisiones están dentro de los parámetros permitidos, que se publiquen las mediciones completas.
Si los gases no representan peligro, que especialistas independientes puedan confirmarlo.
Si los mecheros son indispensables, que se explique técnicamente por qué.
Si pueden reducirse, que se establezca públicamente cuándo.
Y si alguna instalación está generando emisiones indebidas, que se corrija y se determinen las responsabilidades correspondientes.
Eso no es estar en contra de Pemex.
Eso se llama rendición de cuentas.
TABASCO YA PAGÓ SU PARTE
Durante décadas hemos escuchado que el petróleo representa desarrollo.
Entonces el desarrollo también debe significar calidad de vida para las comunidades petroleras.
No podemos normalizar que una familia tenga que despertar de madrugada preguntándose si el olor que entró a su habitación puede hacerle daño.
No podemos acostumbrarnos a cerrar ventanas.
No podemos acostumbrarnos a los dolores de cabeza reportados por ciudadanos.
No podemos acostumbrarnos a decir:
“Así huele porque aquí hay petróleo.”
No.
La riqueza petrolera no puede tener como precio la incertidumbre de una población sobre el aire que respira.
Pemex tiene una responsabilidad.
El Gobierno tiene una responsabilidad.
Las autoridades ambientales tienen una responsabilidad.
Y nosotros, como ciudadanos, tenemos el derecho de exigir respuestas.
No queremos rumores.
No queremos minimizar el problema.
Tampoco queremos acusaciones sin pruebas.
Queremos datos.
Queremos mediciones independientes.
Queremos prevención.
Queremos transparencia.
Y, sobre todo, queremos algo que debería ser elemental en cualquier comunidad:
respirar sin miedo.
Porque después de todo lo que Tabasco le ha dado a la industria petrolera nacional, exigir aire limpio no es pedir demasiado.
Es exigir lo mínimo.














Leave a Reply