El problema no es solamente cuántos delincuentes hay, sino cuántos saben que probablemente no serán castigados
Por: Lic. Manuel Maglioni Montalvo
Abogado postulante del Estado de Tabasco
Cada vez que ocurre un hecho delictivo de impacto, la respuesta parece repetirse: más patrullas, más operativos y más presencia policial.
Pero debemos formular una pregunta incómoda:
¿Realmente faltan policías o lo que sobra es impunidad?
Un delincuente puede esperar a que pase una patrulla, cambiar de ruta o evitar un retén. Lo verdaderamente disuasivo es saber que será identificado, investigado y llevado ante la justicia.
Ahí debería concentrarse la estrategia.
México necesita policías profesionales, pero también Ministerios Públicos capaces, investigación criminal, inteligencia, tecnología y coordinación inmediata entre municipios, estados y Federación.
En el sureste, y particularmente en Tabasco, existe además una cuestión que merece discutirse seriamente: ¿deberían fortalecerse permanentemente los puntos estratégicos de entrada y salida del Estado con tecnología, lectura de placas e inteligencia policial?
No hablo de retenes improvisados que detengan indiscriminadamente al ciudadano.
Hablo de vigilancia inteligente para detectar objetivos concretos y reaccionar inmediatamente ante un hecho delictivo.
También debemos decir algo que resulta incómodo:
detener personas no significa resolver delitos.
Una investigación mal realizada puede dejar libre al verdadero responsable y, peor aún, puede llevar ante un juez a un inocente.
Por eso combatir la delincuencia no significa violar derechos humanos. Significa investigar mejor y aplicar la ley correctamente.
La seguridad tampoco puede medirse por discursos, número de patrullas o fotografías de operativos.
Debe medirse con una pregunta mucho más sencilla:
¿El ciudadano se siente seguro para trabajar, circular por carretera y regresar a su casa?
Si la respuesta es no, entonces algo debemos cambiar.
México no necesita acostumbrarse a vivir con miedo.
Necesita una estrategia donde delinquir tenga consecuencias reales.
Porque cuando la impunidad se vuelve cotidiana, el delincuente pierde el miedo y quien termina teniendo miedo es el ciudadano.














Leave a Reply